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joanalsina on 08/26/2016 at 09:59AM

¿A quien pertenece la música? [spanish]

Free as a bird

Antes del humanismo del siglo XIV y de los grandes pintores, arquitectos y escultores del renacimiento italiano, se podría decir que el artista era, o bien un artesano más que se ganaba la vida realizando encargos, o bien alguien talentoso que se dedicaba a expresar algo porque sí. En este segundo caso, el medio artístico más habitual era la música.

Hacer música era muy barato, bastaba tener algún instrumento y una voz. El carácter efímero de la música, que solo existía cuando se producía en directo, hizo de este arte el mejor vehículo expresivo para cualquier clase social. Cantaban los monjes, los caballeros y las damas, cantaban los escuderos, los borrachos, los campesinos, cantaban los pescadores, los niños y los abuelos, cantaban los reyes y los esclavos.

Por este motivo, es habitual que se desconozcan los autores de la mayoría de canciones populares que tengan más de cien años. Afortunadamente, siempre ha habido alguna alma caritativa que dedicara su tiempo a recoger, fijar, y incluso hacer la notación musical de cantos tradicionales. Es lo que se conoce como cancioneros, que en muchas ocasiones, en lugar de música han recopilado poesías. En cualquier caso, que el autor de una canción sea conocido o no, no ha preocupado jamás a quien la canta.

Después del siglo XV el arte comenzó a tener nombre y apellidos. Esto, claro, en los círculos de élite que contaban con el mecenazgo de la nobleza, la burguesía o la Iglesia. En las esferas sociales humildes, la creación y difusión del arte, especialmente de los cantos, siguió su sendero popular y anónimo. 

Los Románticos

Probablemente es en el siglo XIX, por la influencia del romanticismo, que el pasado toma un valor esencial para descubrir el alma de los pueblos y las naciones. ¿Y de qué está hecho este pasado?, ¿cómo lo podemos conocer? Pues a través de los vestigios que éste nos ha dejado: las ruinas, los textos, los cuadros… y las canciones!

El interés de los románticos por el “yo”, la autoafirmación del artista, mezclado con el interés por la preservación del arte (herencia del positivismo), dan lugar al inicio de los “derechos de autor”. Nadie puede, ni debe, copiar al artista, ni manipular sus obras! Cuando, en cambio, en la Edad Media, encontramos argumentos del Decameron de Boccaccio en obras de otros autores, o personajes de un autor que aparecen en la obra de otro. Y probablemente, cuando el retablo románico de una iglesia ya estaba muy deteriorado y no se apreciaba la anunciación del ángel a María, venia el artista barroco de turno al cabo de 400 años y lo volvía a repintar encima. Y, oye, aquí no ha pasado nada.

Hoy

Desde que Emile Berliner patentó el gramófono a finales del siglo XIX, que permitía grabar y reproducir sonidos en un soporte plano, la música se volvió algo fijable y durable en el tiempo. Así llegó a parecerse a la pintura, la escultura, la literatura… Dicho invento hizo de la música algo vendible, más allá de los conciertos, las veladas o las cosechas bajo el sol.

Algo que siempre había sido gratuito pasó a ser también comerciable. Hollywood y The Beatles lo petaron con el Star System y el fenómeno fan. La música dejó de ser un lujo para la aristocracia o una diversión para el pueblo y pasó a ser un negocio lucrativo sin fronteras sociales. Pero no solo el artista, sino mucha más gente comenzará a chupar del bote. Lo que sea por un único objetivo: tener éxito. 

Esta perversión de la música, como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo mejor: permite que lo bueno de un artista llegue a todo el mundo y este pueda vivir de ello. Lo peor: disminuye la gratuidad, lo gratis no genera beneficios económicos.

FMA

Internet ha abierto un mundo de intercambio nuevo. El negocio de la música se ha tenido que reinventar. Pero ahí siguen manteniendo el tinglado. Aún así, el acceso a la música ha mejorado mucho! Pero lo mejor es que hay sectores, nuevas generaciones de artistas, que saben que el éxito no son las ventas sino los shares y los likes, y estos no se compran, se consiguen.    

FMA ha puesto al alcance del mundo (que no es poco) la música libre. Libre de qué? de derechos de autor? No. Libre de mercados, multinacionales y sanguijuelas.

Los autores siguen siendo autores, y su reconocimiento sigue siendo el del público. FMA abre el espectro con licencias de uso que protegen los artistas legalmente, pero que te permiten acceder a la música gratis. GRATIS! Como siempre ha sido la música. Lo bueno, lo bello, siempre ha sido un regalo. Hacer pagar por ello es una perversidad. 

 

Gracias FMA!

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